
Los estudiantes
vuelven a la lucha. La idea es que la Universidad sienta como propias las
necesidades de las clases populares explotadas. Los estudiantes no quieren una
universidad de mercado que esté al servicio de las clases dominantes y emporios
económicos del país.
La
educación superior en Colombia continúa atravesando una grave crisis de calidad
y cobertura. Con la reforma a la ley 30 se libera al estado de la
responsabilidad que tiene de garantizar el derecho a la educación gratuita y
digna a toda la población colombiana. También se modifica el sentido ético,
filosófico, disciplinar y político que tienen los programas de estudio que ofrecen
las universidades públicas, a partir de la unificación de carreras o planes de
estudio. Esto, ya que se pretende que las carreras respondan a las necesidades
del mercado, de grandes grupos económicos y no a los intereses y necesidades
del pueblo.
Por la
falta de financiación y la deuda que tiene el estado con las universidades
públicas, éstas han tenido que
recortar presupuesto para la
contratación de profesores, unir o disminuir la duración de carreras. Es decir,
de dos planes de estudio que en promedio se desarrollan en diez años, el
gobierno pretende que se ejecute en un solo plan de estudios donde convergen
dos carreras.
Así,
para la población colombiana de estratos bajos que pretenda acceder a estudios
universitarios va a ser mucho más difícil gozar de este derecho, ya que
disminuye la oferta educativa y aumenta la cantidad de aspirantes que compiten
para entrar a cualquier universidad pública.
La
Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia -UPTC- no es la excepción a la
mencionada crisis
En el
caso de la UPTC, las políticas que aplican las directivas no cuentan con la
participación ni la aprobación de la comunidad académica en general, por lo
cual resultan ilegítimas. Además de esto, los integrantes del Consejo Superior
Universitario están siendo investigados por irregulares manejos en su
administración.
Precisamente
hace pocos días el Consejo de Estado declaró nula la reelección del actual
rector de la Universidad, con base en que la figura de reelección no está
permitida, y el directivo realizó algunas maniobras para torcer la norma y
hacerse a un nuevo nombramiento.
Otro
aspecto que agudiza la crisis es la baja participación que tienen los
estudiantes en el movimiento social. Apatía o rechazo en la
mayoría de los educandos es lo que se muestra en la UPTC. Algunos líderes
consideran que este fenómeno se debe a la formación ‘bancaria’ que se imparte
en los planes de estudio, pues no se ofrecen espacios de análisis de la
realidad, lo cual no construye pensamiento crítico. La formación actualmente se
centra en preparar a los estudiantes para salir a competir por un empleo, pero
no para ver y comprender los problemas de la sociedad y, mucho menos, de
aportar a su transformación.
Ante
este panorama, un nuevo movimiento estudiantil empieza a forjarse en la UPTC.
El trabajo por la dignidad y la transformación de las condiciones de la
universidad vuelve a aparecer en las aulas, plazas y paredes. Actividades de
movilización y exigencia de los derechos básicos del estudiantado y los
trabajadores universitarios se avizoran. Actualmente se está preparando un
pliego de exigencias para presentarle al gobierno nacional.
Con el
ánimo de ser parte de la historia de su universidad y de incidir en su destino,
los estudiantes vuelven a la lucha. La idea es que la Universidad sienta como
propias las necesidades de las clases populares explotadas. Los estudiantes no
quieren una universidad de mercado que esté al servicio de las clases
dominantes y emporios económicos del país.




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