Cindy Manrique es vocera nacional de Tejuntas,
organización juvenil de carácter nacional que integra el Congreso de los
Pueblos. En esta entrevista nos habla de sus visiones frente a la guerra y la
paz, la actualidad del servicio militar, la objeción de conciencia y la
Política Pública de Juventud. Tejuntas Bogotá, luego de participar en la
asamblea nacional de esa organización a finales de 2014, realizó su periódica
asamblea el pasado fin de semana en donde proyectaron precisamente las formas
de abordar los puntos de tensión tratados en la entrevista y la forma en la que
avanzarán hacia la gestación del movimiento juvenil colombiano.
Colombia Informa:
¿Cuál es la situación actual de la juventud colombiana?
Cindy Manrique: La juventud colombiana no tiene
oportunidades ni un nivel digno de vida. Cuando vemos que el 16% de los jóvenes
somos desempleados (20% en el caso de mujeres), la mayoría de ocupados en
pésimas condiciones, menos del 20% ingresando a la educación superior pública,
debemos saber que algo está pasando. A su vez, alrededor de 600 jóvenes son
encerrados en la Unidad Permanente de Justicia -UPJ- todos los fines de semana,
teniendo además una de las tasas de asesinatos a jóvenes más altas del mundo.
La Política Pública de Juventud no ha sido capaz de
enfrentar estas realidades, y en cambio, sigue dirigiendo su mirada a la
“inseguridad” que producen los jóvenes, como lo viene haciendo desde los años
80s con el aparato policial y militar, mientras concede algunos “proyectos” a
nuestras necesidades reales. No tenemos en este momento una PPJ que nos de
alternativas claras de vida, más allá de políticas del corto plazo que no
preparan a la juventud para el futuro sino para retrasar la miseria en el presente.
C.I.: En las
campañas electorales “la juventud” se ha convertido en un tema del que todos
los candidatos hablan, incluyendo al Alcalde Bogotá y al presidente Santos.
¿Hay cambios desde que ellos asumieron el gobierno distrital y nacional?
C.M.: El gobierno nacional no ha asumido ningún
compromiso con la juventud. La política de empleo para jóvenes sigue siendo de
salarios bajos, horarios elevados e inestabilidad laboral. En educación, no se
ha eliminado la elitización de las universidades, ni la brecha entre las capas
altas y medias que tienen gran acceso y las clases populares que no lo tienen.
Hoy en día solo 4 de cada 100 egresados de colegios públicos ingresan a la
Universidad Nacional, por ejemplo. En cambio, sí se viene profundizando la criminalización
de la juventud, el abuso policial y la promoción del servicio militar como
opción principal de vida.
El Estatuto de Ciudadanía Juvenil, que podría ser la
posibilidad para discutir las grandes necesidades de los jóvenes desde los
mismos jóvenes, quedó reducido a mecanismos de participación institucional, con
organismos insuficientes y limitados en la toma de decisiones. No nos vemos
representados en estos espacios porque son muy cerrados y no nos permiten
decidir sobre la política que nos afecta. Con preocupación vemos que el
programa Colombia Joven de la presidencia terminó siendo una organización de
jóvenes que pretende hablar por toda la juventud colombiana, pero realmente
habla desde la agenda del gobierno. Entonces, ¿de qué participación hablamos
cuando la juventud de los sectores populares no puede incidir en la política ni
le beneficia la política estatal?
En cuánto al gobierno distrital, se deben reconocer
algunos avances necesarios de profundizar. La política de empleo local ha
permitido que algunos jóvenes de sectores populares accedan a un trabajo
mínimamente digno pero inestable, además siguen siendo miles los jóvenes
desempleados. La educación pública en la ciudad avanza sobre todo en el nivel
básico y medio, pero sigue teniendo fuertes retos de calidad y desempeño. Es de
resaltar la apuesta del gobierno distrital por la objeción por conciencia, la
apertura de casas de la juventud y los centros locales de arte, pues se está abriendo redes de relacionamiento
entre organizaciones juveniles. Sin embargo, estos avances se podrán consolidar
solo a partir de la organización de la juventud, la exigencia de derechos alrededor de problemas
como la criminalización y asesinatos de jóvenes que siguen sin resolverse;
necesitamos una agenda propia en el distrito capital.
C.I.: ¿Cuál es el
futuro del Servicio Militar Obligatorio después de las últimas declaraciones en
las que la Corte Constitucional le da vida jurídica a la objeción de
conciencia?
La lucha en contra del servicio militar obligatorio ha
sido una bandera histórica de jóvenes y antimilitaristas, así mismo son propios
los logros que hemos obtenido. Creemos que las dos sentencias frente a la
objeción por conciencia, la eliminación del requisito de la libreta militar
para graduarse y la posible eliminación para el empleo, son avances importantes
para la juventud y hacen parte de un mismo camino. Es evidente que por los
diálogos de paz va emergiendo una posibilidad de hablar del servicio militar y
la estructura de las fuerzas armadas, lo que nos implica profundizar la lucha
en este momento, no solo logrando cada uno de estos pasos sino abanderando la
terminación del servicio militar obligatorio; los y las jóvenes no queremos ni
libreta militar para trabajar, ni servicio militar para matar.
Frente a la última sentencia, solo tenemos que decir que
el camino a la objeción está un poco más abierto, hacemos un llamado a los
jóvenes “remisos” y a los que están dentro del batallón a objetar, teniendo en
cuenta que el Ejército tiene que responderles en 15 días y justificarles en
caso de negar su petición. Llamamos también al ejército a cumplir la ley: el
cumplimiento con los plazos determinados y la desaparición inmediata de las
batidas es algo en lo que no pueden seguir mintiéndole al país. Tendremos que
iniciar múltiples jornadas pedagógicas y de veeduría frente a la sentencia, y
estamos en disposición de hacerlo con tal de que se respeten los derechos de la
juventud.
C.I: ¿Si se dieran
los acuerdos entre insurgencia y gobierno para darle fin al conflicto armado,
en qué se debería invertir ese presupuesto militar que hoy en día se le destina
a la guerra?
C.M.: Primero, como tejido, ratificamos la solución
política al conflicto y apoyamos la mesa que se está dando con las FARC y las
posibles mesas con el ELN y el EPL. Sin embargo, vemos con preocupación la poca
participación de la sociedad en estos diálogos, una solución política debe
tener como actor principal a quienes hemos sufrido el conflicto y no únicamente
a las partes armadas del mismo. En este sentido, será el “gran movimiento por
la paz” lleno de expresiones de todo el país quien deba decidir en qué se debe
invertir el presupuesto que aún va para la guerra, pero para que esto ocurra,
necesitamos garantías de acción y discusión.
Con tristeza recibimos la noticia del asesinato del
defensor de derechos humanos y compañero de lucha Carlos Pedraza, las amenazas
al movimiento social en general y la poca disposición por incluir a la sociedad
en las visiones del conflicto. Tenemos que desmontar el presupuesto militar y
que este se invierta en garantías para el derecho a decidir y en la concreción
de las políticas sociales que necesitamos. Queremos menos paracos y más
educación, esa es la consigna, en eso se debe invertir el presupuesto del país.
Hace unas semanas vimos cómo el ministro de Defensa celebraba la llegada de
armas de última tecnología y tanques de guerra, ¿ese es el posconflicto?
C.I: ¿Cuál es el
llamado que Tejuntas le hace a la juventud y qué proyección tienen para el
2015?
C.M.: El primer llamado es a luchar juntos, todos y
todas, contra la libreta militar y el servicio militar obligatorio, porque
reconocemos la posibilidad real de cambiar esta política con la participación
comprometida y disciplinada de la mayoría de la juventud. El segundo llamado es
a fomentar la organización juvenil, desde la calle, la vereda, el colegio, etc.
Es necesario potenciar núcleos de defensa de la vida de la juventud que acabe
con la estigmatización, la represión y la vida precaria de la que hoy somos
víctimas. Debemos proyectarnos como una opción de vida en los territorios, solo
la lucha organizada y la resistencia popular nos arrojará buenos resultados en
el futuro.
La juventud organizada en todo el país ha crecido de una
manera relevante pero está demasiado desarticulada, necesitamos unirnos para
incidir en la vida del país. Este año emprenderemos encuentros regionales junto
a organizaciones juveniles del Congreso de los Pueblos, esperamos que desde ahí
podamos discutir las proyecciones de construcción de movimiento juvenil hacia
el 2016 y 2017. Por último, hacemos un llamado a apoyar la construcción de la
paz, desde ahí podemos exigir y proponer el nuevo país que tanto necesitamos.



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