Pese al
descontento de un sector de la universidad, Alberto Uribe quiere hacerse
reelegir en la rectoría para un quinto período, luego de 12 años en el cargo.
Algo se
debió tejer tras bambalinas el día que Alberto Uribe Correa decidió, en el
último momento, inscribirse nuevamente como aspirante a rector de la
Universidad de Antioquia, cargo en el que ajusta 12 años.
El año
pasado, Uribe había dicho que el 2015 sería el momento de su retiro, pero
sorprendió a la comunidad universitaria cuando apareció de nuevo con su hoja de
vida entre el brazo, para ponerla nuevamente a consideración del Consejo
Superior Universitario (CSU), ente que finalmente toma la decisión.
¿Qué se
movió entonces para que Uribe decidiera volver a aspirar? El exmagistrado y
exsenador Carlos Gaviria Díaz, egresado del Alma Mater, dice que si Uribe se
lanzó otra vez es porque ya tiene asegurada la elección.
Esa
impresión de que ya todo esto está cantado ha generado una oleada de críticas.
Una de las más sentidas fue la del profesor y escritor Pablo Montoya: “Su
actitud —refiriéndose al interés de Uribe en la reelección— me genera rechazo y
me produce una inevitable sensación de impotencia (…) Con su actitud, aparece
una vez más la evidente presencia de una pesada y fantasmal maquinaria política
que lo ha respaldado y quizá lo instalará nuevamente en el cargo de rector”, se
lee en una carta que rodó por redes sociales.
Hasta
la tarde del viernes, 1.355 personas habían firmado una petición para que el
CSU no reeligiera a Uribe, solicitud que no se vio reflejada en las consultas
que la universidad hizo a todos los estamentos, que en todo caso no son
vinculantes. De 127.544 personas habilitadas para votar, sólo lo hicieron
5.302. Pese a que entre estudiantes ganó el voto en blanco, Uribe obtuvo la
mayoría entre los profesores, egresados y empleados.
Pero
¿qué hay detrás de esta nueva designación que se decidirá este lunes? Hace tres
años, el actual rector fue elegido con la ayuda de los votos del gobierno
nacional, apoyo del cual se apartó el gobernador Sergio Fajardo. En ese momento
Fajardo dijo que la universidad necesitaba un nuevo aire y, pese a haber sido
derrotado, reveló que su voto había sido para Mauricio Alviar, exdecano de la
Facultad de Ciencias Económicas, hoy nuevamente candidato.
Pero
los pulsos para esta elección pintan a otro precio. Los estatutos de la
universidad —un claustro que para el 2014 contó con un presupuesto global de
709.000 millones de pesos, el más alto después de la Nacional— establecen que
para ser rector se requieren por lo menos cinco de los nueve votos de los
miembros del CSU, órgano que es presidido por el gobernador Fajardo.
Aunque
independiente, el CSU es una instancia asfixiada por la política partidista, si
se tiene en cuenta el origen de sus miembros. Por parte de los exrectores está
Jaime Restrepo Cuartas, exdirector de Colciencias y miembro del partido Centro
Democrático. Restrepo, que hasta hace unos días se vislumbraba como un posible
aspirante a la Gobernación de Antioquia, dice que es proclive a que a la rectoría
lleguen nuevos nombres.
Pero de
otro lado está el voto del sector productivo, que para muchos constituye el
mayor respaldo con el que cuenta Alberto Uribe. En dicha representación está
Manuel Santiago Mejía, uno de los empresarios más poderosos y ricos de
Antioquia, de origen conservador, el mismo que en las pasadas elecciones
presidenciales apoyó a Martha Lucía Ramírez en la primera vuelta, y
posteriormente ayudó a financiar la campaña de Óscar Iván Zuluaga.
Otro
voto es el de Antonio Yepes Parra, representante del presidente de la
República. Yepes, quien es al mismo tiempo la cabeza del directorio
departamental del partido de la U., no ve como un problema que Uribe pretenda
reelegirse, pues considera buena su gestión. No obstante, su voto depende de lo
que decida la Presidencia de la República, orientación a la que también se
alineará Francisco Javier Cardona, delegado de la ministra de Educación, Gina
Parody.
Y aquí
es donde el panorama podría cambiar. Parody ha estado al tanto de los
pormenores de la elección, al punto de que ella misma, no un delegado, escuchó
las propuestas de los siete candidatos, en un consejo extraordinario que el CSU
llevó a cabo el sábado 14 de febrero en Medellín.
Los
otros tres votos del CSU tienen nombre: Francisco Londoño, representante del
Consejo Académico; Rafael Nieto, quien acude por los profesores, y Ricardo León
Álvarez, representante de los egresados. Por ley, los estudiantes también
tendrían derecho a un voto, pero desde hace varios años no han nombrado
delegado.
En esos
ocho votos están las aspiraciones de Uribe, Alviar y los demás candidatos:
Francisco Cortés, actual director del Instituto de Filosofía; el químico
farmacéutico Esteban Elías Correa; Luis Eduardo Tobón, profesor de la Facultad
de Ciencias Económicas, y los docentes de Comunicaciones María Helena Vivas y
Édison Neira.
La
responsabilidad que tendrá el CSU no es de menor calado. La Universidad de
Antioquia, con 37.000 estudiantes de pregrado, es el patrimonio científico y
cultural más importante del departamento. Es la segunda institución en
importancia después de Empresas Públicas de Medellín y, según Sapiens Research,
organización que analiza la dinámica investigativa de los claustros de
educación superior, es la segunda de mayor producción en Colombia, luego de la
Nacional. En la lista que anualmente publica Quacquarelli Symonds en torno a
las mejores universidades de América Latina, la U de A aparece en el lugar 23.
Pero
pese a estar siempre dentro del top de las mejores, el alma mater no está libre
de problemas. La inseguridad dentro de la ciudad universitaria; una planta
docente conformada en el 70 % por profesores de cátedra en precariedad de
condiciones, son algunos de sus líos. Sin contar un mal que comparten 32
universidades públicas de todo el país: una desfinanciación de 1,2 billones de
pesos, según un estudio del Sistema Universitario Estatal (SUE).
Por
esas razones resultaría preocupante que las tensiones propias de los partidos
políticos, el Gobierno y la oposición fueran las que terminaran por definir el
futuro de la universidad. La reelección indefinida y el apego al poder son las
criticas más ácidas que pesan sobre los hombros de Uribe. Sus cartas para
mostrar son los estándares de investigación que aún exhiben los grupos de
investigación, así como el proceso de regionalización que la universidad
alcanzó durante sus períodos.
Sin
embargo, es muy poco probable, dicen fuente cercanas al gobernador, que esta
vez Fajardo apoye la reelección de Uribe, pese a que durante estos tres años le
ha reconocido sus logros. No sería coherente que si Fajardo no lo apoyó hace
tres años, esta vez cambiara de opinión. La inclinación de la balanza en el
seno de el CSU dependerá, en buena medida, de la decisión que tome el gobierno
nacional, una que será orientada seguramente por el análisis que Parody haga de
los candidatos. La ministra, no es un secreto para nadie, es cercana a Fajardo
y no se descarta que allí haya
consonancia. No es gratuito, sin embargo, que Alberto Uribe se haya
sometido nuevamente al escrutinio. Como diría el profesor Carlos Caviria, si se
lanzó, por algo será.



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