domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta Abierta de la Profesora Piedad Ortega Valencia frente a la situación del profesor Miguel Ángel Beltrán

Carta Abierta de la Profesora Piedad Ortega Valencia a la Comunidad Universitaria de la UN, UPN, UD, y demás Universidades Públicas del País
Miguel Ángel
Hoy
Estarás saboreando un pan amargo.
Tu saliva estará reseca de tanta tristeza acumulada.
Inti y Ernesto, tus hijos, te preguntarán sobre el futuro. Este futuro
– clausurado- de ventanas cerradas.
Y tu compañera, con esa sonrisa serena, intentando sostenerte,
Te dirá, que mañana, los pájaros que has dejado en tus cátedras seguirán volando, porque hay cientos de manos, de sonrisas, de miradas que no dejaran que tus palabras se exilien.
Palabras que se escucharán en el corredor, en el patio, en la calle, en la plaza, en la pared, en el ladrillo.
Palabras húmedas de esperanzas.
Miguel Ángel, diles a tus hijos, y a tus estudiantes,
Que aún nos queda la esperanza.
El ciego de la venda negra preguntó ¿cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera?
Hoy nos podemos preguntar:
¿Cuántos procuradorcitos (as) se hacen necesarios para terminar de colocarle silicona a la voz de los (as) profesores (as) de nuestras universidades públicas?
¿Cuántos procuradorcitos (as) se están reproduciendo en la mente iluminada de tantos (as) investigadores (as) que estudian y escriben sobre el conflicto social armado, la violencia política, los despojos agrarios y hoy están “anestesiados y amnésicos” frente a la destitución de tu cargo por 13 años como profesor asociado de la Universidad Nacional?
¿Cuántos procuradorcitos (as) madrugan, leen los últimos reportes del proceso de la Habana y llegan a sus clases para presentar sus disertaciones sobre el posconflicto, los procesos de paz… y un largo etcétera? Y no se interpelan sobre la venda que le han colocado a la libertad de cátedra. A tu libertad. A nuestra libertad.
¿Cuántos procuradorcitos (as) te han leído?
¿Cuántos procuradorcitos (as) le enseñan hoy a los jóvenes en la Universidad Nacional sobre la urgencia de una reforma agraria, los problemas del desplazamiento, la necesidad de trabajar con la diferencia, la enseñanza de la historia reciente, el trabajo de la memoria y hoy están siendo, ellos/as mismos – diagnosticados- como afásicos para no asumir la responsabilidad que les confiere la autonomía universitaria?
¿Cuántos procuradorcitos respaldan hoy la cátedra de paz, la ley de víctimas y están cantando el sonsonete farandulero del “soy capaz”….¿De qué?
Sí, Miguel Ángel
Estos (as) procuradorcitos (as), son profesores (as) de la universidad Nacional y también de la Universidad Pedagógica, de la Distrital y de un largo etcétera de universidades públicas del país. Tienen sus puntos asegurados en el escalafón docente, se asumen como una élite, muchos y muchas de ellos y ellas en la franja de pensadores críticos, y hoy, no sienten vergüenza por este hecho histórico sobre el que ha legislado el Sr. Rector en la Universidad Nacional, funcionario, Ignacio Mantilla.
Son profesores (as) asépticos y escépticos. Son profesores que los corroe la herrumbre. Se han oxidado. Han hipotecado el porvenir de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria.
Sí, Miguel Ángel,
Un señor que “simula” ser rector de la universidad nacional te ha destituido. Un experto en la academia de las matemáticas. Un técnico. Un Sr. elegantemente vestido, con todas sus patentes universitarias en Alemania. Algo, importante para reseñar, “sensible al conflicto”, “acaso comprometido con el proceso de paz”, tanto, que ha entregado su aval para que algunos de los profesores de esta universidad integren la comisión histórica del conflicto (Darío Fajardo, Jairo Estrada, Víctor Manuel Moncayo, exrector) y para la creación del primer centro de pensamiento y seguimiento al proceso de diálogos de paz, con la coordinación del profesor Alejo Vargas.
Pero, este señor, es también un analfabeta de los principios de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra.
Pero, este señor, es también un funcionario obediente que decide en su fuero, exclusivamente en su fuero, censurar-te. Digo censura para nombrar la “tiranía de una decisión impuesta sobre un intelectual del conflicto armado colombiano”. Censura como exilio, prohibición, hostigamiento, proscripción (expulsión y destierro), indolencia. Censura como acción inquisitorial sobre tu corporeidad, en términos de tu borramiento simbólico y material.
Sr. Rector, Ignacio Mantilla, actúa Usted como Eichmann en Jerusalén, esta obra impecable de Hannah Arendt. Se instala usted en un lenguaje burocrático. Habla usted con slogans, con palabras clichés, articuladas a códigos impuestos, a un decálogo de la “buena moral” y desde una gramática de la obediencia.
Sr. Rector, mañana ¿con qué palabras se va a vestir?,
¿Cuál va a ser su equipaje en democracia, cultura política, autonomía y libertad de cátedra?
¿Siente usted un poquito de vergüenza ante la decisión tomada?
Finalmente, le entrego estas imágenes -quizás como espejos- para mirarnos en esta universidad en penuria. Le regalo estas obras literarias, para qué ojala, tenga el coraje de leerlas y sea capaz de revocar la decisión tomada. Para que un día de éstos pueda contarle a sus nietos, que se equivocó de tal manera que siente vergüenza por tal acto.
Primera imagen: En La Peste de Albert Camus, la indiferencia. Indiferencia construida desde una cultura y una subjetividad amnésicas. Subjetividades tan propias de un país como el nuestro en donde cada acontecimiento borra el anterior, donde la indolencia llega a extremos inenarrables.
Segunda imagen: En el proceso de Franz Kafka, los acontecimientos del horror que transitan en presencias sucias, grotescas, triviales y hostiles encarnados en una maquinaria burocrática. Es la burocracia que nos habita con su poder misterioso, amenazador y arrasador.
Tercera imagen: En Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, la tiranía del miedo que genera desconfianza hacia el otro y la imposibilidad de ver más allá de lo que apunta nuestros propios intereses. Ciegos, deambulamos por el mundo negándonos a ver, a verlo, a vernos.
Sr. Rector, Decanos, Jefes de Departamento, Coordinadores, Profesores, Egresados,
¿Pueden ustedes hoy mirar a los ojos de un niño y de un joven, Inti y Ernesto, los hijos de Migue Ángel?
¿Pueden mirar ustedes a sus estudiantes y decirles junto a sus académicos del conflicto, que la universidad piensa la paz nacional?
Miguel Ángel,
Diles a tus hijos, y a tus estudiantes, que en tiempos de penuria
Desgarramos nuestras bocas para gritar: de lo que tengo miedo es de tu miedo. Y por ello, no dejaremos que el miedo nos paralice, nos acomode, nos derrumbe, nos convierta en “precarios e infames procuradorcitos (as)”.
Aún nos queda la esperanza. Aún nos queda la esperanza….

Piedad Ortega Valencia.
Representante de los (as) Profesores (as) al Consejo Superior de la UPN.
Bogotá, 14 de septiembre de 2014
 

1 comentarios:

Gianni Lara dijo...

Así es maestra.

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