
La
histórica – y ahora crítica- Facultad de Ciencias Humanas se nos está
derrumbando, el déficit presupuestal de más de 7mil millones nos ha dejado sin
más de la mitad de las profesoras que necesitamos para que nuestras clases se
desarrollen cómo medianamente debería ser, las salidas de campo que nos permiten
cómo humanistas acercarnos a la realidad concreta de lo que teorizamos en las
aulas ya están siendo limitadas y se limitaran aún más. Con la inminente
crisis, los departamentos de la facultad se han estado movilizando, generando
acciones de visibilización y exigencia que, aunque han salido de iniciativas
discutidas en las asambleas realizadas en cada uno de ellos, no han contado con
una participación relevante teniendo en cuenta el número de personas de la
facultad y la gravedad de las problemáticas que representan.
Hace
algunos días la asamblea de facultad, la cual tuvo una acogida bastante grande
dentro de las estudiantes y profesoras, se pronunció frente a estas situaciones
al igual que el decano de la facultad, el señor Ricardo Sánchez, quien manifestó
que a través de unos rubros girados por la sede y un prestamos hecho por la
facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Humanas tiene presupuesto para
funcionar durante los dos primeros meses del calendario académico. Con esto
calmó los ánimos de las estudiantes y profesoras que han sido perjudicadas por
la falta de presupuesto o que sencillamente comparten (y no podría ser de otro
modo) la preocupación por la crisis. En pocas palabras, dando pañitos de aguas
tibias a la gravedad del asunto.
Sin
embargo, y es aquí en donde queremos ser enfáticas con este comunicado, nada
nos asegura que durante estos dos meses podamos conseguir el dinero para
funcionar los otros dos meses restantes de clases. De igual forma con este
préstamo, que al parecer es una salida a las problemáticas de funcionamiento,
ahondamos aún más en la deuda que tenemos cómo facultad junto con otras de la
sede, lo que nos lleva a asegurar sin vacilaciones que esta no es la solución a
una crisis que exige una reforma total del manejo, no sólo de los recursos,
sino también de la forma cómo se toman las decisiones sobre lo que la comunidad
educativa en su conjunto debería decidir, por ser las directas implicadas.
Pañitos de agua tibia quiere dar la administración para la desmovilización de
la comunidad educativa.
Así
mismo la tan anhelada respuesta ante la situación que muchas esperaban desde la
rectoría, principal representante legal de la universidad, ha sido que este es
un problema que le compete exclusivamente a la facultad resolver. Mientras esto
sucede, se sigue invirtiendo en la seguridad -entiéndase seguritización-,
porque se cree que el principal problema de la universidad es la falta de
vigilancia y la sobre-construcción desmedida de edificios de talla mundial,
cuando no sólo humanas sino Medicina y Artes, entre otras facultades, no tienen
presupuesto para funcionar, o miles de estudiantes tienen que desertar de sus
estudios por no contar con un bienestar que les asegure su estadía.
Es
necesario anotar que así consigamos el dinero para funcionar este semestre la
crisis seguirá latente, porque cómo ya lo comentamos, la forma de conseguir
recursos -en esto ha sido muy reiterativa la administración- es endeudándonos
más y más, cayendo en ese juego del gobierno de las deudas. Esto no puede ser
otra cosa que una crisis coyuntural que ilustra la crisis estructural de una
educación neoliberal al servicio del capital, donde nuestra querida nacho no es
más que una empresa pidiendo “prestamos” para que no tenga que declararse
bancarrota muchas de sus facultades, no sin antes atender estas deudas a
posterior con una alta tasa de interés, no solo monetaria, sino de dignidad.
El
llamado es a que atendamos la situación de emergencia que se está desarrollando
en este momento, no solo a nivel de facultad sino en la sede, y no sobra
anotar, en su conjunto nacional, cómo es el caso del déficit presupuestal en la
sede Palmira, donde las estudiantes están llevando a cabo una admirable labor
de movilización y asamblea permanente.
No
podemos seguir en clases naturalizando una situación que si no se atiende nos
va a dejar con créditos perdidos, acreditaciones negadas en muchos
departamentos, eliminación de un mínimo bienestar universitario que todas cómo
comunidad educativa estamos en el derecho de tener, perdida de las salidas de
campo características de nuestra labor humanista, mayor endeudamiento que se
reproducirá en el alza de cobros académicos y muchas otras consecuencias.
La
Universidad Nacional de Colombia necesita que su comunidad educativa (estudiantes,
profesoras y trabajadoras) se apropie de sus problemáticas y se construya en
torno a sus soluciones. Radicalicemos las movilizaciones, es decir, ataquemos
las raíces de los problemas, y por medio de mecanismos de presión contundentes
hagamos sentir nuestra inconformidad y nuestra visión de universidad que nadie
más que nosotras mismas podemos generar.
A
generar movilización constante y contundente:
¡A
Humanas no la dejaremos caer!
¡Arriba
las que luchan!
Grupo
Estudiantil Anarquista – Universidad Nacional
Marzo
de 2015


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