domingo, 12 de octubre de 2014

La educación, otra vez

 
Antes del anuncio esas oportunidades no existían para hogares pobres. ¿Quién podría ser tan ciego para no celebrar la noticia y agradecer la magnanimidad de un presidente comprometido con el cambio? Pasados los días vino a saberse que lo prometido por el jefe de estado no eran becas. Se trata de créditos condonables, siempre y cuando sus beneficiarios terminen exitosamente los estudios en universidades públicas o privadas de calidad. Algo va de una beca incondicionada, que se gana como premio, a un crédito, cuya condonación está sujeta a ciertas condiciones. Ya veremos qué y cuánto se exige al estudiante de familia sisbenizada para evitar su posterior calidad de deudor.
Pero lo que asombra no es el juego de palabras del gobierno – si beca, crédito o beca-crédito –, sino su concepto de educación superior y lo que significa para un país en desarrollo. El presidente y su ministra insisten en concebirla como un “bien meritorio” para algunos, no como un derecho fundamental para todos; ya lo decía la abortada reforma educativa presentada al Congreso y luego retirada ante la presión inteligente y organizada de los estudiantes. Sin elevarla a ley, el ejecutivo impone su visión elitista, eludiendo el debate democrático. En cuanto bien escaso, la educación superior se reserva a los mejores, a los más capaces, no a quienes tienen deficiencias en su formación. Todo en franca contravía del querer constituyente, según el cual la educación es un derecho fundamental cuyo goce debe depender únicamente de terminar el bachillerato.
Maravilloso sería que ante la estrechez presupuestal y las múltiples necesidades la opción hubiera sido destinar, por una vez, recursos escasos a los más necesitados según su mérito. El peligro radica, sin embargo, en que esta política no es episódica: se ha querido elevar a ley. Se busca reservar el acceso a la educación a los más competitivos y excelentes, no al grueso de los bachilleres. Si no, ¿cómo explicar el abandono de la universidad pública –congelamiento de la planta profesoral, deterioro de las instalaciones, politización de Colciencias– y los incentivos a la mercantilización del acceso educativo vía créditos blandos? Con tan equivocado e inconstitucional enfoque se priva de oportunidades a quienes, por condiciones familiares, sociales y educativas, no controlables por ellos, tienen escasa capacidad de competir.
El sistema de créditos condonables, además de distraer el objetivo mayor de universalizar la educación superior, es acorde con la reducción del saber a conocimientos técnicos y tecnológicos, lo que requiere el país según la ex directora del SENA. La visión tecnocrática de la educación superior empobrece hasta marchitar al buen ciudadano. Sólo quien termine sus estudios, sin crisis, sin cambios, sin interrupciones, sin conflictos, sin dudas, sin distracciones, sin faltas, en resumen juiciosa y domesticadamente, tendrá derecho a eximirse del sistema crediticio y judicial. Hacia una sociedad domesticada, dócil, obediente, parece ser el lema del gobierno. A distancia sideral se encuentra una concepción de educación para la democracia que forme buenos, conscientes y activos ciudadanos, quienes luego de gozar los beneficios colectivos estén dispuestos a retribuir con creces la generosidad de su sociedad, sin tener que ser perseguidos, debido a su sensibilidad, inconformidad y deseo de cambio, por un papá Estado castigador, moralista y controlador.


1 comentarios:

Liliana Fajardo Chica dijo...

CONVOCATORIA A LA INTELECTUALIDAD COLOMBIANA
Asunto: LA ESTRATEGIA DE LAS LUCIÉRNAGAS Ó LAS LUCES PARA SALVAR A COLOMBIA.

INTRODUCCIÓN:
Según una leyenda china, un súbdito del reino es sentenciado a muerte, el rey, en un acto de “magnificencia” opta por darle una oportunidad al reo, y, en una bolsa opaca, ante todo el mundo, coloca dos esferitas negras y una esferita blanca y le dice: si Ud. saca la blanca, será perdonado, si saca una negra, será condenado. El rey da media vuelta y le cambia la esferita blanca por otra negra (no hay salvación). El reo percibe la perfidia del rey, mete la mano a la bolsa, saca una esferita, se la traga y le dice al rey : “si allá quedaron dos esferitas negras, yo saqué la blanca”………….
Moraleja: En toda causa perdida, siempre hay una estrategia de salvación.
El Libertador Simón Bolívar, en carta al Gran General de Ayacucho Antonio José de Sucre, le decía: “Quiero que Ud. sea el Vicepresidente general de la Gran Colombia. Si Ud. rehúsa, yo también lo haré, y todo perecerá en medio de una confusión espantosa” (1) . A la muerte del Libertador, esta premonición se cumplió al pie de la letra: la Gran Colombia se fragmentó en cinco países, Colombia cayó en manos de una élite gobernante que desde entonces hasta nuestros días, ha utilizado el poder para incrementar y defender a perpetuidad sus privilegios a expensas de la explotación y pauperización del pueblo. Cada familia de esta casta se ha creído digna merecedora del poder, y esta concepción desató en el siglo XIX una serie de guerras civiles (once en total). La última en la que participó directamente la aristocracia criolla, fue en la Guerra de los Mil Días. Los bandos opuestos de esta contienda se dieron cuenta que los intereses y principios eran los mismos y dejaron de pelear entre sí, y en su lugar adiestraron al pueblo en el fanatismo, el sectarismo y la intolerancia, para defender los intereses de sus respectivos bandos .Esta nueva concepción condujo a la violencia más cruel y desalmada que se haya visto en Colombia, con un saldo de 30.000 muertos anuales en promedio (desde 1.947 hasta nuestros días). La violencia estatal constituye una de las constantes de nuestra historia de vida republicana.
La premonición del Libertador no se queda ahí, porque: no tener un lugar en el mundo donde vivir con dignidad es estar propenso a desaparecer en medio de la confusión espantosa; y, esta tragedia es la historia de 32 millones de colombianos, de los cuales, 6 millones de desplazados, fueron desterrados de sus tierras y condenados a vivir en condiciones infrahumanas en los tugurios de las ciudades; 4 millones de exiliados en el exterior en busca de medios para subsistir; los 22 millones de personas restantes no poseen los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas (alimento, educación, salud y vivienda).
1 : I. Liévano, Ed. Grijalbo, p. 568, 2.010.

Para ver más, vaya a:
http://www.monografias.com/trabajos101/convocatoria-intelectualidad-colombiana/convocatoria-intelectualidad-colombiana.shtml

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