martes, 4 de septiembre de 2012

La autoformación política como método para fortalecer la organización estudiantil y evitar la frustración en la lucha

“No debemos esperar de nadie, sino de nosotros mismos: pensar, escribir, luchar con audacia, despojados de todo fetiche, de todo dogmatismo, no importa a que punto lleguemos.”
José Revueltas (Carta a su hija Andrea Revueltas, 30 de marzo de 1971)

“El mundo es de ustedes, y también de nosotros; pero en última instancia, es de ustedes. Los jóvenes, plenos de vigor y vitalidad, se encuentran en la primavera de la vida, como el sol a las ocho o nueve de la mañana. En ustedes depositamos nuestras esperanzas.”
Mao TséTung
Es necesario analizar, por un lado, el por qué, o los por qué, del desencanto que sufrimos muchos jóvenes al descubrir que nuestros intentos por transformar la realidad mexicana en los momentos actuales no tienen los resultados que imaginamos; analizar el choque al que nos enfrentamos cuando la gente no responde como lo esperamos. Es necesario escuchar el testimonio de cómo las corrientes políticas hacen hasta lo imposible por ganar adeptos a costa del estancamiento del movimiento estudiantil; el testimonio de nuestra introducción a la dinámica entre organizaciones y nuestro desconocimiento de quién es quién en los grandes espacios de amontonamiento de esfuerzos organizativos; es importante analizar y valorar nuestro gran corazón solidario, abierto y con buenas intensiones ante “viejos lobos de mar”; nuestra falta de formación política; nuestro ser producto de años de bombardeo ideológico contra formas de organización “pasadas de moda”; nuestro sentido común y la búsqueda por encontrar “por dónde y cómo hacer” para la organización de todos en contra de algo muy concreto e incluso es necesario analizarnuestra falta de carácter en algunos casos para expresar lo que pensamos.
Es necesario analizar este “despertar” a la vida política con todas sus contradicciones, dudas y cuestionamientos, pero también con todas nuestras certezas, con todas nuestras fortalezas y nuestras ganas de participar en la construcción de un país más democrático y justo. Y, por otro lado, debemos analizar y ubicar al oportunismo sediento y rampante: a quienes esperan el trabajo de los otros para ufanarse de éste o presumirlo como propio sin serlo; los que en lugar de brindar elementos que incrementen nuestra conciencia política se dedican a agandallar y confundir; los dispuestos a crecer no obstante su práctica política debilite y destruya un movimiento; es importante ubicar los ultraizquierdistas que intentan “jalar a la izquierda” a un movimiento estudiantil, pero que realizan poco trabajo concreto y casi nula formación política; los que no pierden la ya famosa costumbre del “cochupe” político (intrigar contra el opositor de manera conjunta); los que invitan a sus adeptos sólo para mayoritear, pero que pasadas las votaciones se retiran de las asambleas; los que tienen como misión desgastar las asambleas y hacerlas eternas para que la gente se vaya y se vacune contra la actividad política; los del discurso rimbombante y el cuestionamiento “crítico”, pero con una nula actividad concreta.
Estos dos polos son, en cierta medida, lo que podemos ver en varios espacios del movimiento estudiantil y social. Ante ese panorama varias personas simplemente se van desgastando y empiezan a concluir que “la política es una mierda” y/o que “todos son iguales”. Pasan de la exaltación al enojo, de éste a la inconformidad y por último a la pasividad, entonces se pierden los elementos nuevos y con capacidades y las asambleas se disminuyen. El bombardeo ideológico de la burguesía que, siempre muy clara de sus objetivos, afirma que se deben aceptar las cosas como son y que aunque se hagan muchas cosas nada va cambiar, permite que la gente nueva sin ninguna formación política, y que está expuesta a las ideas que reproduce la televisión y la academia poco crítica, se desilusione y se frustre. Esto es propio de la espontaneidad de las luchas, parecieran olas que vienen con una fuerza desmesurada, pero que pasan y no dejan nada en el mar, más que basura y pocos elementos que continuarán una lucha con formas adecuadas y con objetivos claros.
¿Qué hace falta ante este panorama? ¿Por dónde empezar a transformar las prácticas descritas anteriormente? ¿Qué hacer ante la imposición y el sistema opresor que favorece a unos cuantos acosta de millones de miserables? La autoformación política es el elemento fundamental para poder afrontar a las corrientes oportunistas (que se sirven de su tradicional fraseología para aparentar “radicalidad y contundencia”) y obtener elementos políticos que fortalezcan lo emocional para que no nos frustremos ante las calamidades y tragicomedias de las cuales somos testigos.
Pero, ¿qué es la autoformación política? No nos referimos a tomar un libro y encerrarnos en nuestro cuarto a estudiar con fruición, esto sólo es una parte, pero no lo es todo. La autoformación comprende distintos momentos de lectura acerca de las formas organizativas que han existido, pero sobre todo se logra con la práctica concreta organizativa, es decir, planear actividades con objetivos políticos claros (siempre enfocados a coadyuvar a la toma de conciencia de la gente a la cual va dirigida y también a la autoformación a través de la misma actividad); designación de responsables de la actividad para evitar que las ideas que tenemos se diluyan en la vorágine del activismo (evitar el activismo como “modus vivendi”);en la necesidad de asistir a nuestras clases y en la constancia y firmeza en las actividades. Estar en las actividades que proponemos es importante, no caer en el vicio del “viejo y probado activista” de convocar a la revolución socialista y no repartir ni un volante o de convocar a asambleas casi diarias en detrimento del trabajo de información y organización con la población estudiantil y fuera de las universidades. La evaluación de las actividades es también primordial para poder recoger lo que no ha funcionado y entender el porqué, así como para rescatar lo que funcionóy potenciarlo en las siguientes actividades.
La información sobre quiénes son los actores políticos en nuestros espacios y asambleas y sobre sus objetivos como organizaciones y sus métodos de trabajo es fundamental para poder entender ¿cuál es la verdadera finalidad de sus planteamientos? Y sobre todo es importante para observar su práctica concreta, para ver su congruencia o incongruencia con lo que profesan.
La autoformación es esencialmente un acto colectivo(que va desde compartir con una persona las perspectivas del desarrollo del trabajo o las asambleas, hasta reuniones con más personas para platicar sobre puntos muy concretos del trabajo que se realiza en común) donde el debate no significa oponer una idea contra otra idea, sino hechos contra hechos, a saber, las discusiones políticas no deberán ser sobre especulaciones, chismes, imaginaciones o informaciones truncas, sino sobre los hechos con los cuales podemos observar la verdadera naturaleza de los actores políticos que se dicen de izquierda o que luchan por transformar la realidad y confirmar o descubrir que su discurso es uno, pero su práctica no ayuda al fortalecimiento de un movimiento y mucho menos a su crecimiento. La autoformación implica la práctica política concreta y la reflexión constante de la misma, además del estudio de las prácticas organizativas que han existido y el estudio de nuestra propia historia como pueblo.
Ahora bien, es fundamental poner tiempos límites a la reflexión y comprender que los procesos de transformación social son procesos de largo aliento, la reflexión es importante, pero sin una práctica concreta y constante que derive en la organización de nuestro pueblo (considerando que nosotros también somos pueblo y que cuando se usa la palabra organización del pueblo es porque nosotros nos visualizamos dentro de esa organización, no como agentes externos) será trabajo que se pierda y que nos frustre porque no logramos los resultados deseados por más que hacemos actividades.
Podemos concluir que la autoformación política nos permite obtener claridad en nuestros objetivos, en los objetivos del movimiento social; ir descubriendo o fortaleciendo las formas adecuadas de organización dentro y fuera de las universidades e ir limitando y desterrando las formas inadecuadas del trabajo político que tan bien conocemos.
No todo está perdido en este proceso, ni la frustración es el destino inevitable de todo activista social recién incorporado al esfuerzo de transformar nuestra realidad injusta. De nosotros depende encontrar los elementos teóricos y prácticos para fortalecer nuestras convicciones políticas y éticas; para fortalecer las mejores cualidades propias y de los compañeros que de manera honesta, fraterna y sin intereses mezquinos están en el esfuerzo diario de estudiar y de contribuir a informar y organizar a los estudiantes y al resto de la sociedad que anhela un cambio profundo en este país.
Olegario Chávez 

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